El destino del ADN en la investigación científica
Con el avance de la investigación genómica, los biobancos se han vuelto fundamentales para el desarrollo de nuevos medicamentos, diagnósticos más precisos y estrategias de medicina personalizada. Al mismo tiempo, el almacenamiento de información genética plantea una cuestión delicada: quién es realmente el propietario de estos datos y cómo garantizar que el progreso científico no viole los derechos fundamentales.
Para Fernanda Sales Luiz Vianna, profesora asociada del Departamento de Genética de la UFRGS e investigadora del Laboratorio de Inmunogenética de la UFRGS y del Laboratorio de Medicina Genómica del HCPA, la idea de propiedad genética necesita ser analizada con atención. "Desde un punto de vista ético, el concepto de propiedad puede entenderse como autoridad para la toma de decisiones. El individuo, como propietario de su propio cuerpo, tiene control y poder de decisión sobre su información genética", explica.
PROPIEDAD - Sin embargo, esta información no concierne sólo a una sola persona. "La información genética tiene un carácter relacional, ya que compartimos aproximadamente la mitad de nuestro ADN con parientes de primer grado. Esto significa que también concierne a los miembros de la familia", afirma el investigador, destacando que los datos genéticos pueden verse como una forma de propiedad compartida.
En Brasil, la legislación es clara en cuanto a la propiedad de la información genética. Según Vianna, “cada muestra, dato o información almacenada en los biobancos pertenece al participante que autorizó su uso”. A diferencia de la lógica de la donación, adoptada en otros contextos, los biobancos brasileños actúan como guardianes de las muestras. Incluso cuando el participante autoriza un uso amplio, la propiedad sigue siendo de la persona que proporcionó el material biológico.
SEGURIDAD - Garantizar la seguridad de esta información es uno de los principales desafíos. En el Biobanco del Hospital de Clínicas de Porto Alegre una serie de medidas técnicas y organizativas buscan reducir los riesgos y proteger la privacidad de los participantes. “Las muestras y los datos pasan por procesos de codificación y seudonimización desde su recolección, con identificación entre informaciones identificables”, explica Vianna. Cada participante recibe códigos diferentes para datos y muestras, y sólo un número extremadamente restringido de profesionales tiene acceso a la clave de identificación.
El acceso a la información también está estrictamente controlado. Las áreas de almacenamiento físico y las bases digitales tienen perfiles de acceso limitado, y cualquier uso por parte de los investigadores depende de la aprobación previa de los proyectos por parte de los órganos de gobierno y los comités de ética de la investigación. “Esto garantiza que el uso de datos genéticos se realice de forma ética, segura y acorde con los principios de respeto a los participantes”, afirma.
CONSENTIMIENTO - Otro punto en debate es el modelo de consentimiento informado. Para el investigador, el formato tradicional ya no satisface plenamente las necesidades de la investigación genómica. "Existe un consenso cada vez mayor de que el consentimiento específico y oportuno es insuficiente para la investigación a largo plazo y la reutilización continua de datos", afirma. En los biobancos se han adoptado modelos más amplios, en los que el participante puede decidir si desea o no ser recontactado para cada nuevo estudio.
Sin embargo, este tipo de consentimiento requiere salvaguardias más sólidas. “Cuanto más amplio sea el consentimiento, mayor debe ser el nivel de gobernanza, transparencia y control institucional”, destaca Vianna, destacando el papel de los comités independientes en la evaluación ética y científica de los proyectos.
Los riesgos del mal uso de la información genética son reales. Los datos genéticos revelan no sólo las características actuales, sino también los riesgos futuros de enfermedad, incluso para los miembros de la familia. “Incluso cuando los datos sonAunque anonimizado, el ADN es un identificador muy potente, que posibilita la reidentificación mediante el cruce con otras bases”, advierte el investigador.
LGPD - La Ley General de Protección de Datos Personales reconoce esta sensibilidad y clasifica los datos genéticos como datos personales sensibles, requiriendo un mayor nivel de protección. Aún así, existen desafíos prácticos. “La LGPD valora objetivos bien definidos, mientras que los biobancos existen precisamente para permitir investigaciones futuras que aún no se pueden predecir completamente”, explica Vianna. Por lo tanto, además de cumplir con la ley, es fundamental invertir continuamente en gobernanza, seguridad de la información y supervisión ética.
Para el investigador, el debate no debe verse como una elección entre ciencia y privacidad. “El avance científico sólo es socialmente legítimo cuando respeta los derechos fundamentales de las personas que hacen posible esta investigación”, afirma. Aboga por un modelo basado en la confianza institucional, en el que la transparencia, el consentimiento responsable y las estructuras de gobernanza sólidas permitan que el interés colectivo y el derecho individual a la privacidad genética coexistan de forma legítima y sostenible.
